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Los Evangélicos en Política: El Dilema Ético del Día Nacional de las Iglesias Evangélicas

Publicado: 2017-09-11


Escribe: Alejandro Rivas Alva

La semana pasada, Rosa María Palacios criticó la oposición de algunos congresistas evangélicos a la visita del Papa: 

“La bancada evangélica tiene que darse cuenta de que no puede usar la política para imponer su visión religiosa. [...]El boicot evangélico no es cualquier cosa. Empezaron a boicotear con ‘Con mis hijos no te metas’ el currículo escolar, pero lo que no vamos a permitir es que boicoteen la visita del Papa” (1).

No es esta la primera crítica. La participación de los evangélicos suele ser cuestionada por usar el poder para satisfacer sus propios intereses a través de las leyes. ¿Esto es así? 

Por otra parte, ¿qué debemos exigir los evangélicos de los congresistas que comparten nuestra fe y que supuestamente nos representan?

Aunque no podemos meter a todos en un mismo saco, existen antecedentes negativos que es preciso recordar, como los congresistas evangélicos Gilberto Siura, Gamaliel Barreto, Pedro Vílchez, Guillermo Ysisola y Tito Chávez, que, durante los años 90, estuvieron del lado de la dictadura fujimorista, defendiendo en algunos casos las acciones del gobierno contra los derechos humanos (López 2004). 

En el 2001 hubo tres congresistas evangélicos; en el 2006, cuatro; y, en el 2011, también cuatro. En estos períodos, los evangélicos hicieron noticia en varias ocasiones, como cuando en una oportunidad se opusieron a la impartición de la educación sexual a cargo del Estado (2). 

Julio Rosas se ha hecho conocido por su férreo rechazo al tema homosexual, no solo en lo que toca a la unión civil, sino también a los crímenes de odio, bajo la bandera de la defensa de la familia y la niñez. Sin embargo, Rosas se abstuvo de votar en la aprobación de la ley contra el castigo físico y humillante hacia los niños (3). 

Por otro lado, serias acusaciones fueron lanzadas hacia la ex congresista Mirta Lazo por presuntamente favorecer a su Iglesia Agua Viva (4) y también al excongresista Julio Gagó, por favorecer a su propia empresa (5).

Durante el actual período, la alianza entre el fujimorismo y ciertos sectores evangélicos ha sido evidente durante la campaña “Con mis hijos no te metas”. Hoy por hoy, la impresión generalizada es que la actividad de los congresistas evangélicos se limita a oponerse a la unión civil homosexual y la “ideología de género” (6) (temas claves para retener los votos de la población evangélica).

La participación de ciertos congresistas evangélicos sigue aún sin romper con una visión clientelista de la política, en la que el poder es utilizado para satisfacer intereses individuales e institucionales (y no las necesidades de la población en general), o para abogar por posturas religiosas que no toda la población -o incluso gran parte de los mismos evangélicos- comparte. 

Pero, entonces, ¿qué forma de hacer política debería ser seguida por los evangélicos?

Existen al menos cuatro actitudes hacia la política dentro de la cultura evangélica en nuestro país:

1. Indiferencia. Es la actitud de una gran mayoría de evangélicos.“Lo político es algo “mundano””; “La política es para las autoridades, lo nuestro es la evangelización”,“Dios pone las autoridades, confiemos en su voluntad de Dios”, son pensamientos típicos de esta actitud.

2. Fundamentalismo. Es una concepción minoritaria. “Debemos procurar un Estado cristiano”, “la teocracia es mejor que la democracia”; “las leyes deben basarse en la Biblia”, son ideas que reflejan este tipo de mentalidad. El diálogo y la argumentación con otros es una pérdida tiempo, la Biblia (como ellos la entienden muchas veces sin real educación teológica) es la fuente de la política.

3. Conservadurismo. Es la perspectiva que prima en la cultura evangélica. Se mantiene un respeto por la democracia y el Estado laico, sin interés por la participación ciudadana, salvo en temas muy específicos, como el aborto y la homosexualidad. ¿Hay diálogo con quienes piensan distinto? No del todo, pues prima la interpretación que se tenga de la Biblia. Los argumentos, sean buenos o malos, sirven solo para respaldar la interpretación bíblica por la que ya se ha optado.

4. Compromiso democrático. Propio de una minoría. “En lo público, el discurso cristiano debe racionalizarse a fin de respetar la laicidad del estado”, “No podemos aplicar soluciones cristianas a quienes no creen en ellas”, “La esfera pública es la esfera del servicio y el testimonio, no de la evangelización”, son ideas que congenian con esta visión de la política. Aquí el diálogo y la argumentación son esenciales, pues si bien la motivación es bíblica, la racionalidad es el lenguaje que nos permite aceptar o refutar legítimamente las posturas no creyentes. Hay aquí una gran confianza en la complementariedad entre fe y razón. Esta es la mejor opción de todas, pues busca conciliar los valores del Evangelio con los valores democráticos.

Un reciente proyecto de ley servirá como ejemplo para aplicar la perspectiva del “compromiso democrático”. Hace poco la Comisión de Cultura del Congreso de la República aprobó los Proyectos de Ley 612 y 669/2016-C, presentados por los congresistas Karina Beteta y Moisés Guía Pianto, que proponen declarar el 31 de octubre como el día nacional de las iglesias cristianas evangélicas.

¿Es correcto que este proyecto de ley se apruebe? Estoy a favor de la celebración de un día de la Reforma Protestante, pero no con la manera en que se propone. 

En primer lugar, llama la atención que se busque celebrar a las iglesias, en lugar de celebrar la Reforma protestante. ¿No se pierde así la importancia de la fecha?, ¿no es este sólo un intento más para que los evangélicos ganen presencia pública?, ¿no se limita la posibilidad de que iglesias tradicionalmente concebidas como no evangélicas, pero que han aportado mucho a la sociedad, como la iglesia Adventista, sean excluidas?

En segundo lugar, lo coherente en aras de la igualdad y la neutralidad, es que, o no se celebre ninguna festividad, o que siempre exista la posibilidad para que cualquier creencia (sea creyente o no creyente, católica o evangélica) pueda ser celebrada. 

Dado que no existen criterios preestablecidos para saber cuándo un día nacional debe ser declarado, la declaración depende únicamente del poder mayoritario de la bancada congresal que la proponga. Esto me parece injusto y arbitrario. De no cambiar esta situación, nos exponemos a que “el día de las iglesias evangélicas” esté sujeto a acciones populistas dirigidas a captar el voto evangélico.

Nuestra cultura evangélica debe cambiar, abandonando el fundamentalismo y el conservadurismo a favor de un compromiso democrático. Solo así los evangélicos podremos dar un testimonio público de justicia en una sociedad democrática.

(1) http://larepublica.pe/politica/1093331-rmp-fuerza-popular-no-puede-usar-la-politica-para-imponer-su-vision-religiosa

(2) http://www.elmundo.es/america/2013/06/25/noticias/1372134070.html

(3) http://elcomercio.pe/lima/nueva-ley-define-castigo-fisico-humillante-menores-251709.

(4) http://larepublica.pe/politica/1074471-ex-congresista-de-agua-viva-promovio-ley-que-favorece-a-su-iglesia

(5) http://larepublica.pe/05-03-2014/julio-gago-gano-215-licitaciones-con-el-estado-siendo-congresista

(6) http://elcomercio.pe/politica/congresistas-reunieron-defensores-familia-interpelacion-marilu-martens-noticia-456666


Escrito por

elprofeta

Un grupo de evangélicos comprometidos con la justicia y misericordia de Dios en la esfera pública


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El Profeta

Un blog dirigido por cristianos comprometidos con la justicia de Dios en la esfera pública. Otra iglesia, sociedad y política son posibles