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¡Julio Rosas no me representa!

Una guía para entender el mundo evangélico

Publicado: 2017-09-24


Escribe: Alejandro Rivas

No hace mucho tiempo, conversaba con una amiga sobre el tema de género y la forma en que este había causado tanta controversia en el espacio público. Después de intercambiar varias ideas y ver que coincidíamos en nuestras posturas sobre el tema, ella me dijo sorprendida: “Si les cuento a los amigos de mi colectivo que hay evangélicos que piensan como tú no me lo van a creer”. “Bueno” -le dije yo-, “¡estoy seguro de que hay muchos evangélicos que piensan como yo!”.   

Esto me hizo pensar en la idea que muchas personas tienen sobre los evangélicos. En una encuesta publicada el 2014, la agencia CPI indicó que lo evangélicos alcanzan el 15,9% de la población nacional . Asimismo, según la encuesta latinoamericana del Pew Research Center (2014), los evangélicos son el 17% de la población peruana . Si estos datos son confirmados por el censo de este año, estaríamos hablando de un aproximado de 4´500´000 evangélicos (solo considerando el 15%), pero es probable que sean muchos más.

La cantidad importa, no solo porque con ello aumenta la influencia política, social y cultural de la cada vez más creciente minoría evangélica, sino porque un número tan grande de personas suele tener expectativas de representación. Los evangélicos, como los otros ciudadanos, tienen necesidades políticas y es natural esperar que estas sean satisfechas por los congresistas. Los evangélicos poseemos una forma de ver la vida sobre la base de nuestra fe, lo que de alguna manera marca una pauta distinta con relación al resto de la población. Hay quizá tres cosas esenciales que nos diferencian: nuestra fe puesta en las Escrituras, el cultivo de una espiritualidad centrada en el ejemplo de Jesús de Nazaret y una peculiar manera de organizarnos y construir comunidad desde la institucionalidad de nuestras iglesias. De ahí que quizá sea natural suponer que los evangélicos esperamos una “representación evangélica” con una específica agenda política.

Sin embargo, debemos tener cuidado con afirmar algo así. No existe “bancada evangélica” que se irrogue tal representación. Por otro lado, sí existen congresistas que se precian de ser evangélicos, pero la pregunta es si es posible decir que estos representan a la población evangélica. Algunos de estos parlamentarios, sea por el lobby realizado por ciertos movimientos u organizaciones evangélicas o sea por su propia iniciativa, utilizan el poder de su cargo político para dedicarse a una agenda específica, marcada bajo una supuesta “lógica evangélica” y que, valgan verdades, es también respaldada por muchos evangélicos: la defensa de la familia, la oposición a la homosexualidad y la lucha contra la “ideología de género”. Es el caso, por poner un ejemplo, del congresista Julio Rosas, para quien quizá su denodado trabajo en estos temas justifique su gran cantidad de inasistencias o el hecho de no haber presentado ningún proyecto de ley durante toda la legislatura, no lo sé.

El problema es que, tanto en los medios como en el imaginario social, se asume que esta agenda es “propiamente evangélica” o que es respaldada por todos los evangélicos. Esto me preocupa. Existen diversas formas en que los evangélicos concebimos la relación entre fe y política. No todos los evangélicos somos iguales, así como no todas las iglesias evangélicas lo son. Si de las tres cosas esenciales para un evangélico se trata, pues hay formas de interpretar la Biblia, distintas maneras de practicar la fe y diversos modos de construir comunidad e institucionalidad eclesial. Incluso, aún cuando una gran mayoría de evangélicos compartiese los contenidos de la referida “agenda”, no todos están de acuerdo con la forma en que esta es presentada o defendida. Además, existen evangélicos “poco convencionales”, como los que respaldaron la candidatura de Veronika Mendoza, entre otros grupos que creen que “otra iglesia y otra política son posibles” .

En un mundo de “blanco o negro”, en una cultura política que se divide en “izquierdistas o derechistas” y en una sociedad en la que los evangélicos muchas veces son vistos como “fanáticos”, “fundamentalistas” o “gente sin educación”, comprender la diversidad resulta, ciertamente, difícil. No obstante, reconocerla es un síntoma de salud pública que nos evita incurrir en los prejuicios y en la violencia ideológica. Por esta razón, me ha parecido bien hacer un pequeño mapa de las iglesias evangélicas y su presencia en el Perú, a manera de una guía que pueda servir al lector para conocer el “mundo evangélico”. Para ello me he valido de las clásicas clasificaciones socio-religiosas, pero que son constatables en la realidad cotidiana:

1. Los evangélicos “históricos”. Provienen de aquellas iglesias surgidas en la Europa del siglo XVI. Es el caso de los luteranos, presbiterianos, metodistas y anglicanos, cuya presencia es minoritaria en el Perú. Hay que recordar que este es el primer tipo de protestantismo que llega a nuestras tierras, el mismo que se caracterizó por fortalecer la educación y asumir la lucha por un Estado laico. Pese a su escaso número, estas iglesias podrían considerarse como las más progresistas: utilizan los métodos histórico-críticos para interpretar la Biblia, promueven el ecumenismo, tienen una labor social activa y una postura en favor del Estado laico.

2. Los “evangélicos” en “sentido estricto”. Las iglesias libres o “evangelicals” fueron comunidades que buscaron un avivamiento o despertar de la religión dentro del protestantismo norteamericano (siglo XIX). La espiritualidad y la teología de los evangelicals ha resultado ser la más influyente en la evangelización del Perú como consecuencia de las misiones norteamericanas que vinieron a nuestro país. De ahí que el nombre de “evangélicos” sea el más conocido para nombrar a los protestantes. Una de las sus principales características es la interpretación literal de las Escrituras, su suficiencia y que esta no contiene errores.

3. Los evangélicos “pentecostales”. El pentecostalismo tuvo su origen en Estados Unidos a partir de una serie de experiencias sobre la base de “dones” o “carismas” (entre ellas el “hablar en nuevas lenguas”), pero cuyas raíces teológicas pueden explicarse a partir del metodismo, así como del fundamentalismo teológico norteamericano (Dayton 1996). Pertenecen a este tipo de iglesias las Asambleas de Dios (ADDP) y el Movimiento Misionero Mundial (MMM), las más numerosas en nuestro país (precisamente estas iglesias han respaldado la campaña “Con mis hijos no te metas”). Hoy por hoy, las iglesias pentecostales son la forma de protestantismo más extendida en el Perú y Latinoamérica.

4. Los evangélicos “neo carismáticos”. Llegan a Perú alrededor de la década de los 80s. Entre sus principales características están el énfasis en la teología de la prosperidad, la iglesia apostólica, la sanidad divina, el proselitismo mediático, la incursión política, el impulso del pastorado femenino, la implantación de mega iglesias, entre otros. En el Perú, las comunidades locales neopentecostales se caracterizan por ser muy numerosas. No todas comparten los rasgos antes mencionados. Ejemplos de estas iglesias lo son la Iglesia Bíblica Emmanuel, la Iglesia Agua Viva y Camino de Vida.

Si de representación institucional se trata, una gran cantidad de iglesias históricas y evangélicas se encuentra representadas por el Concilio nacional Evangélico del Perú (Conep). Por otro lado, algunas iglesias neocarismáticas y evangélicas están representadas por la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (Unicep); no obstante, muchas iglesias no buscan representación institucional o política de ningún tipo. Sin embargo, durante este año, las iglesias ADDP y MMM se retiraron de Conep y Unicep, respectivamente, para unirse a la Alianza Cristiana y Misionera (una "evangelical") (anteriormente retirada del CONEP) y así conformar la nueva “Mesa Nacional de Coordinación Evangélica”.

Como podrá apreciar el lector, aunque los medios nos identifican a todos como el bloque “evangélicos”, la realidad es muy distinta.


Escrito por

elprofeta

Un grupo de evangélicos comprometidos con la justicia y misericordia de Dios en la esfera pública


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El Profeta

Un blog dirigido por cristianos comprometidos con la justicia de Dios en la esfera pública. Otra iglesia, sociedad y política son posibles